De: Rosie

Para: Alex

Asunto: ¿Carta?

Alex, he registrado de arriba abajo la cocina buscando tu carta, he buscado hasta en el último rincón de la casa y Katie y Greg juran que no le han puesto un dedo encima, así que no sé dónde más podría estar. ¿Seguro que la dejaste aquí? Íbamos con tanta prisa para llevarte al aeropuerto aquella mañana que a lo mejor te olvidaste. He registrado el cuarto de invitados donde dormiste. Sólo he encontrado una camiseta ¡pero ahora es mía y no la vas a recuperar! ¿Qué decía esa carta? Ayer no me llamaste cuando salí del trabajo. ¡De verdad que me tienes en ascuas, Alex!

De: Alex

Para: Rosie

Asunto: Carta

¿Cómo van las cosas con Greg? ¿Eres feliz?

De: Rosie

Para: Alex

Asunto: Greg

Caray, esto sí que es cambiar de tema. Es una pregunta muy directa. A ver, sé que te das cuenta de que estamos pasando una mala racha y que estás preocupado. Y también sé que no lo puedes ver ni en pintura, lo cual me complica bastante las cosas, porque te aseguro que me encantaría que pudieras verlo con mis ojos.

En el fondo, bajo todas sus capas de estupidez, es una buena persona. Puede que ponga en práctica demasiadas de sus ideas egoístas y que diga siempre lo que no toca en el momento menos indicado, pero de puertas para adentro es un buen amigo. Entiendo que manifiesta inclinaciones idiotas pero eso hace que le quiera. Quizá no sea alguien con quien estés a gusto si te toca sentarte a su lado en una cena, pero para mí es alguien con quien me siento a gusto compartiendo mi vida. Sé que a los demás os cuesta comprenderle. Lo único que veis es una paranoia sobreprotectora, pero, qué quieres que te diga, eso hace que me sienta segura y deseada. ¡Y su estupidez me hace reír! Nos queda todavía mucho trecho por recorrer antes de llegar a ser la pareja perfecta. Desde luego no vivimos un matrimonio de cuento de hadas, no me ducha con pétalos de rosa ni me lleva fines de semana a París, pero cuando me corto el pelo se da cuenta. Cuando me arreglo para salir me hace un cumplido. Cuando lloro, me seca las lágrimas. ¿Y quién necesita París cuando te pueden dar un abrazo? En un momento impreciso, sin que ni yo me diera cuenta, me he hecho mayor, Alex. Por una vez no seguí los consejos de nadie sobre lo que debía hacer o dejar de hacer. No podía correr a refugiarme en los brazos de papá y mamá, ni puedo comparar mi matrimonio con el de nadie más. Cada cual sigue sus reglas. Aceptar de nuevo a Greg fue una decisión que tomé yo solita y no lo hubiese hecho si Greg, y, mucho más importante, yo misma, no hubiese aprendido algo. Estoy convencida de que lo que ha sucedido no volverá a suceder nunca más, lo creo a pies juntillas. Si no estuviera tan segura sobre nuestro futuro me sería imposible hacer lo que estoy haciendo. Me da la impresión de que esto es lo que decía tu carta, Alex, pero no te preocupes por mí. Estoy bien. Gracias mil veces por preocuparte tanto por mí. En este mundo no abundan los amigos como tú.

De: Alex

Para: Rosie

Asunto: Re: Greg

Eso es lo que siempre he deseado. Que fueras feliz.

Querida Stephanie: ¿Cómo está la nueva mamá? Espero que lo estés llevando bien. Sé que supone un gran cambio, pero es un cambio maravilloso. ¿Logras dormir un poco? Espero que sí. Siempre he sabido que serías una madre fabulosa: siempre supiste cuidar de tu hermana pequeña (¡y de su bebé!). Por cierto, gracias por todos los detalles morbosos sobre el parto. ¡Eres aún más maravillosa de lo que pensaba! Y no, no quiero que Pierre me envíe una copia del vídeo de la experiencia «mágica». Recuerdo demasiado bien lo que sucede… ¿Te acuerdas de esos vídeos que nos ponían en el colegio cuando éramos niñas para que nos diera miedo tener relaciones sexuales? Bueno, pues salta a la vista que ninguna de nosotras se asustó. Si realmente querían disuadirnos tendrían que habernos mostrado cómo se cambian los pañales. Eso habría enviado a miles de nosotras al convento. Se os ve muy felices juntos en la foto, como la familia perfecta. ¿Sigue existiendo tal cosa? Lo pregunto porque si existe, mi pequeña unidad familiar está claro que no estaba en la lista cuando repartieron los diplomas.

La verdad es que no estoy segura de haber acertado al aceptar que Greg volviera a casa. Es muy difícil saber qué decisión tomar. Por Dios, Stephanie, siempre he sido la primera en pregonar que si mi marido me fuese infiel, de ningún modo aceptaría que volviera conmigo. Ni en un millón de años. Siempre he dicho que eso era lo único que no podría perdonar (bueno, eso y abandonar a tu hijo antes de que nazca), así que ¿qué estoy haciendo aceptando que vuelva? ¿Qué estoy haciendo permitiendo que duerma a mi lado en la cama? ¿Por qué le preparo la cena y le aviso cuando la mesa está servida? Esto no es lo que dije que haría. Tengo que hacer un esfuerzo tremendo para no darle una bofetada cada vez que me sonríe. Pensaba que echarlo de casa sería la cosa más fácil del mundo, pero en parte he dejado que vuelva porque no me veía capaz de arreglármelas por mi cuenta otra vez. No dejaba de imaginarnos a Katie y a mí solas de nuevo y se me hacía muy cuesta arriba. Ahora estoy empezando a poner en tela de juicio esa decisión. ¿Debo quedarme con él y aprender a quererle otra vez o debería abandonarlo y aprender a sobrevivir por mi cuenta, a ser independiente? Me falta valor para enfrentarme otra vez a vivir con Katie en un pisito con un salario ridículo. Si al menos pudiera perdonarlo…, si consiguiera borrar la imagen de sus labios besando los de otra mujer cada vez que me habla… Cuando me toca me pone la piel de gallina y le odio tanto que me siento incómoda. Es muy complicado que cure mis heridas el mismo hombre que me las infligió. Y él se ha vuelto un fanático de todo. Se muestra entusiasmado ante la idea de ir juntos a un consejero y dedica unas cuantas horas de su jornada a hablar conmigo, a hablar de verdad. A mí todo eso se me antoja una solución de manual del tipo «cómo complacer a tu esposa después de follarte a otra mujer». Para empezar conciertas una cita con un consejero matrimonial, asegurándote de hacer muchos aspavientos para que quede bien claro cuántas reuniones importantes has tenido que cancelar, luego preparas la cena cada día y llenas el lavavajillas, le preguntas a tu esposa mil veces al día si está bien y si puedes hacer algo por ella, haces la compra semanal recordando incluir algún regalito como su pastel de chocolate favorito o un libro que creas que le puede gustar, pasas unas cuantas horas al día sentado en silencio con tu esposa pasando revista a la jornada y luego comentas con todo detalle cómo crees que está yendo vuestra relación. Haz esto quinientas veces al día, añade agua y remueve. Y el caso es que el Greg con quien me casé jamás haría ninguna de estas cosas.

Nunca se molestaría en cambiar el rollo de papel higiénico ni tampoco vaciaría su plato antes de meterlo en el lavavajillas. Todo ha cambiado. Hasta las pequeñas rutinas cotidianas que hacen la vida más cómoda han cambiado. Si reuniera fuerzas suficientes para abandonarlo, lo haría. Pero estoy atrapada en este limbo evasivo. Ahora quiero tomar la decisión correcta. Dentro de cuarenta años no quiero ser una vieja amargada que siga haciéndole a Greg comentarios insidiosos sobre lo que me ha hecho. Para que este matrimonio funcione necesito saber que seré capaz, si no de olvidar, al menos de perdonar. Necesito saber que el poco amor que aún siento por él crecerá y volverá a ser el de antes. Lo único que me da fuerzas es que sé que no me hará esto otra vez. Hemos pasado demasiadas noches de lágrimas y peleas como para que ninguno de los dos quiera pasar de nuevo por algo parecido. Si Alex viviera en este país sabría qué hacer. Lo único que necesito es respaldo.

Él es el angelito que se sienta en mi hombro y me susurra al oído: «¡Puedes hacerlo!». Es curioso. Tengo treinta años y todavía me siento como una niña pequeña. Todavía miro alrededor para ver qué hacen los demás y así asegurarme de que no soy completamente distinta; todavía miro alrededor en busca de ayuda, de un codazo amistoso y un consejo dicho en voz baja. Pero al parecer no atraigo la atención de nadie. Nadie más parece estar mirando alrededor preguntándose qué hacer. ¿Por qué será que me siento como si fuese la única persona que está confundida y preocupada por las decisiones que he tomado y el futuro que me aguarda? Mire donde mire, sólo veo personas que tiran adelante. Quizá tendría que seguir su ejemplo. Besos, Rosie

Querida Rosie: Por favor, no te atormentes con preguntas que no puedes responder. Ahora mismo estás pasando un momento realmente complicado, pero vas saliendo adelante como tantas otras veces lo has hecho. Cada mal trago te hace más fuerte. No soy quién para decirte si debes seguir con Greg o no (sólo tú puedes tomar esa decisión) y lo único que puedo decir es que si os queda un poco de amor deberías hacer un esfuerzo. Todas las cosas pequeñas crecen si las alientas, Rosie. Y con el amor pasa lo mismo. Pero si esto te hace desgraciada vete y busca otra cosa que te dé la felicidad que te mereces. Escucha lo que te dice el corazón y fíate de tu instinto: ambos te llevarán por buen camino. Siento no tener grandes y sabias palabras para decirte, Rosie, pero al menos sabrás que no estás sola; hay muchas personas que no tienen respuesta a esas preguntas. A veces todos estamos tan confundidos como tú. Cuídate mucho. Besos, Stephanie

De: Rosie

Para: Stephanie

Asunto: Corazón silencioso

Mi corazón no dice nada y mi instinto me dice que me meta en la cama, me acurruque y llore.

Nota para mí misma: Bajo ninguna circunstancia te vuelvas a enamorar. Bajo ninguna circunstancia te fíes de otro ser humano. Compra Kleenex especiales con bálsamo protector de caléndula para que no acaben confundiéndote con la madre de Rudolph. Come. Sal de la cama. Y, por el amor de Dios, deja de llorar.

De: Mamá

Para: Stephanie

Asunto: ¿Funciona esto?

Creo que acabo de entender cómo funciona esto del e-mail. Bueno, sólo quería ver si los planes que hicimos para celebrar que papá cumple sesenta siguen en pie. Él cree que tomaremos unas copas con Jack y Pauline, así que no me contestes a esta dirección, no vaya a ser que lo lea. Llámame al móvil. Me encantaría que vinierais. Sería estupendo que volviéramos a reunirnos todos y creo que le haría bien a Rosie. Me tiene preocupada, está tan disgustada con Greg que ha adelgazado mucho. Tu padre tiene que contenerse para no partirle la cara, cosa que no le haría ningún bien a nadie. Sobre todo al corazón de tu padre. Kevin tampoco se habla con Greg y eso todavía le pone las cosas más difíciles a la pobre Rosie. Sin embargo, cuanto más la arrope la familia, mejor.

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