Tiene un mensaje instantáneo de: RUBY

RUBY: ¡Hola! ¡Feliz lunes!

ROSIE: Oh, fantástico. Espera un momento, voy a por el champán. 

RUBY: ¿Qué has hecho este fin de semana

ROSIE: ¡No te lo vas a creer! ¡Llevo toda la mañana muriéndome de ganas de contártelo! ¡Ha sido increíble! No te lo vas a creer pero…

RUBY: Percibo cierto sarcasmo. Deja que adivine: has estado viendo la tele. 

ROSIE: ¡Señoras y señores, les presentamos a Ruby… y sus poderes paranormales! Tuve que ponerla con el volumen al máximo para no oír los gritos de la «enamoradísima» pareja que vive al lado. Un día de éstos se matarán el uno al otro. Espero que no tarden. La pobre Katie no entendía qué pasaba, así que dejé que bajara a dormir a casa de Toby.

RUBY: Pero bueno, ¿es que aún hay personas que no comprenden el significado de la palabra DIVORCIO?

ROSIE: Ja, ja, bueno, en tu caso es una palabra mágica. 

RUBY: Agradecería que no te burlaras de ese devastador episodio de mi vida: me dejó hecha una piltrafa y emocionalmente destrozada.

ROSIE: ¡Venga ya, por favor! ¡El día que conseguiste el divorcio fue el más feliz de tu vida! Compraste la botella de champán más cara que encontraste, nos la tomamos, salimos de copas y te pegaste el lote con el hombre más feo del mundo.

RUBY: Bueno, cada cual llora sus desgracias a su manera… 

ROSIE: ¿Has acabado de introducir en el ordenador toda esa mierda que nos pasó Randy Andy?

RUBY: ¡Qué va! ¿Y tú? 

ROSIE: Tampoco. 

RUBY: Bien. Hagamos una pausa como recompensa. No nos hace ningún bien trabajar más de la cuenta. Me han dicho que es muy peligroso. ¿Traerás tus pitillos? Me he olvidado los míos.

ROSIE: Sí. Nos vemos abajo en cinco minutos. 

RUBY: Tenemos una cita. Caramba, qué emocionante. Hacía mucho que ni tú ni yo teníamos una cita.

Tiene un mensaje instantáneo de: RUBY

RUBY: ¿Dónde demonios te has metido? ¡Te he esperado media hora en la cafetería! Me he visto obligada a comerme dos pastelitos de chocolate y un trozo de tarta de manzana.

ROSIE: Lo siento. Randy Andy no me ha dejado salir de la oficina. 

RUBY: ¡Maldito esclavista! Deberías quejarte a la dirección para que despidan a ese cabronazo.

ROSIE: Resulta que la dirección es él. 

RUBY: Es verdad. 

ROSIE: Bueno, sinceramente, Ruby, puede que sea un gilipollas, pero acabábamos de hacer una pausa una hora antes… y era la tercera en menos de tres horas…

RUBY: ¡Te estás convirtiendo en uno de los suyos! 

ROSIE: Ja, ja. Tengo una hija que alimentar. RUBY: Yo también. 

ROSIE: Tu hijo se alimenta solo, Ruby.

RUBY: Oye, deja en paz a mi gordinflón. Es mi niño y lo quiero tal como es. 

ROSIE: Tiene diecisiete años. 

RUBY: Sí, y es lo bastante mayor como para tener un hijo propio, según tus parámetros…

ROSIE: Bueno, todo le irá bien mientras no vaya a ese baile del colegio con el hombre menos interesante y más feo del mundo. Así no tendrá que beber una cantidad descomunal de alcohol para engañar a su cerebro y pensar que ese hombre es guapo y divertido y…, en fin, ya sabes el resto.

RUBY: ¿Estás insinuando que mi hijo quizá debiera tener una relación gay en su baile de debutantes?

ROSIE: ¡No! Sólo estaba diciendo… 

RUBY: Ya sé lo que estabas diciendo, es sólo que creo que mi querido hijo es precisamente la clase de chico al que sólo será capaz de amar una chica que vaya más bebida de la cuenta.

ROSIE: ¡¡RUBY!! ¡¡Cómo te atreves a decir eso de tu hijo!! 

RUBY: ¿Y por qué no? Le quiero con todo mi corazón, pero el pobre no ha nacido con las trazas de su madre. En fin, dejemos eso. Dime, ¿cuándo piensas decidirte a salir con alguien?

ROSIE: Ruby, no quiero que tengamos esta conversación otra vez. ¡Todos los tíos que has intentado encasquetarme eran unos excéntricos de cuidado! No sé de dónde sacas a esos hombres y en realidad creo que prefiero no saberlo, pero después del último fin de semana puedo asegurarte que no volveré a ir a Joys nunca más. Además, mira quién habla. ¿Cuándo fue exactamente la última vez que saliste con alguien?

RUBY: ¡Eso es un asunto completamente distinto! Soy diez años mayor que tú, he tenido que pasar por un divorcio muy difícil para librarme de ese cabroncete egoísta y tengo un hijo de diecisiete años que sólo se comunica conmigo gruñendo algunos monosílabos. Me parece que es hijo de un simio (en realidad, me consta que lo es). ¡No tengo tiempo para los hombres!

ROSIE: Pues yo tampoco. 

RUBY: Rosie, cariño, tienes veintiséis años, aún te quedan por lo menos diez más antes de que todo se acabe. Tendrías que salir un poco y pasártelo bien. Deja ya de llevar el peso del mundo sobre tus hombros. De eso me encargo yo. Y deja también de esperarle.

ROSIE: ¿Que deje de esperar a quién? 

RUBY: A Alex. 

ROSIE: ¡No sé de qué me estás hablando! ¡Yo no estoy esperando a Alex! 

RUBY: Sí que lo esperas, querida amiga. Debe de ser un hombre excepcional, puesto que para ti ninguno está nunca a su altura. Y me consta que eso es lo que haces cada vez que conoces a alguien: compararlo. Estoy convencida de que Alex es un amigo fabuloso y seguro que siempre te dice cosas encantadoras y maravillosas. Pero no está aquí. Está a miles de kilómetros, trabajando de médico en un gran hospital, y vive en un apartamento elegante con su elegante novia médico. Mucho me temo que no está haciendo planes para conseguir abandonar esa vida cuanto antes y compartir sus días con una madre soltera que vive en un piso diminuto y tiene una mierda de empleo a tiempo parcial en una fábrica de clips y una amiga loca que le envía e-mails cada dos por tres. Así que deja de esperarle y sigue adelante. Vive tu vida.

ROSIE: No le estoy esperando. 

RUBY: Rosie… 

ROSIE: Tengo que volver al trabajo. Se ha desconectado.

Queridas Rosie y Katie Dunne: Shelly y Bernard Gruber tienen el honor de invitaros a la boda de su querida hija Sally con Alex Stewart.

De: Stephanie 

Para: Rosie 

Asunto: Re: ¡Por nada del mundo voy a ir a esa boda! 

¡Estoy muy enfadada contigo por tu última carta! ¡No puedes faltar a la boda de Alex! ¡Sería totalmente inconcebible! ¡Se trata de Alex! ¡Alex, el niño que solía pasar la noche en un saco de dormir en el suelo de tu cuarto, el niño que solía colarse en mi habitación para leer mi diario y revolver el cajón de mi ropa interior! ¡El pequeño Alex a quien perseguías por la calle disparándole con un plátano que hacía las veces de pistola! ¡El mismo Alex que sentó a tu lado en clase durante doce años! Estuvo a tu lado cuando tuviste a Katie. Te brindó todo su apoyo pese a que sin duda le costó lo suyo encajar que la pequeña Rosie, que había dormido en un saco de dormir en el suelo de su cuarto, fuera a tener un bebé. Ve a Boston, Rosie. Celebra esto con él. Comparte su felicidad y su entusiasmo.

Participa de todo eso con Katie. ¡Sé feliz, por favor! Estoy segura de que ahora te necesita. Va a dar un paso muy importante en su vida y necesita a su mejor amiga a su lado. Busca también el modo de hacer buenas migas con Sally, ahora una persona importante en su vida, del mismo modo que él ha aprendido a llevarse bien con Katie, la persona más importante de la tuya. Me figuro que no tienes ganas de que te lo digan, pero si no vas, estarás poniendo punto final a lo que ha sido y todavía es uno de los lazos de amistad más fuertes que he visto jamás. Entiendo que te incomode lo que ocurrió hace unos años cuando fuiste a verle, pero trágate el orgullo y levanta la cabeza. Vas a asistir a esa boda porque Alex quiere que estés allí con él; vas a asistir porque necesitas estar allí por tu bien. Toma la decisión correcta, Rosie.

Querida Rosie: ¡Hola! Sin duda habrás recibido nuestra maravillosa invitación de boda que Sally tardó tres meses en elegir. El porqué, no lo sé, pero, según parece, una invitación de color crema con el borde dorado es muy diferente de una invitación de color blanco con el borde dorado… Cómo sois las mujeres… No sé si debería preocuparme o no, pero ¡me parece que la madre de Sally aún no ha recibido respuesta! ¡Yo no la necesito, puesto que doy por sentado que estarás presente! La razón por la que te escribo en vez de llamarte es que quiero que dispongas de tiempo para pensar lo que voy a pedirte. Para Sally y para mí sería un honor que permitieras que Katie fuese la dama de honor de la boda. Tendríamos que saberlo bastante pronto para que Sally y Katie puedan elegir el vestido. Quién iba a decirnos que esto llegaría a ocurrir, ¿verdad, Rosie? Si alguien nos hubiese dicho hace diez años que tu hija sería la dama de honor de mi boda, nos habríamos partido el pecho de risa ante tamaña ridiculez. ¡Y eso a pesar de que Sally y yo hayamos tardado tanto en decidirnos a casarnos, si bien la culpa es de los absurdos horarios de médico que rigen nuestras vidas! La segunda pregunta que quiero hacerte es sin duda la que querrás meditar con más detenimiento. Tú eres mi mejor amiga, Rosie; esto huelga decirlo. No tengo ningún amigo íntimo por estos pagos, al menos ninguno que dé la talla de lo que tú significas para mí, y, por consiguiente, no tengo padrino. ¿Quieres ser mi madrina? ¿Quieres estar a mi lado ante el altar? ¡Te necesitaré a mi lado! ¡Y sé que puedo confiar en que montarás una despedida de soltero mil veces mejor que cualquiera de mis amigos de aquí! Piénsalo y dime algo. ¡Y dime que sí! Besos para ti y Katie, Alex

Tiene un mensaje instantáneo de: ROSIE

ROSIE: No te lo vas a creer. 

RUBY: Tienes una cita. 

ROSIE: No, más increíble, si cabe. Alex me ha pedido que sea su «madrina». 

RUBY: Espero que eso no signifique que estarás a su izquierda en la iglesia… 

ROSIE: Pues… no. A su derecha. 

RUBY: ¿Y su hermano? 

ROSIE: Se encarga de recibir y sentar a los invitados en la iglesia. 

RUBY: Caray. ¿Entonces va en serio lo de la boda? 

ROSIE: Sí. Eso parece. 

RUBY: Creo que ahora sí que deberías dejar de esperarle, cariño. 

ROSIE: Ya lo sé. Seguramente debería.

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