RACHEL

Viernes, 19 de julio de 2013 

Mañana

El tren de las 8.04 va prácticamente vacío. Las ventanillas están abiertas y, a causa de la tormenta que cayó ayer, el aire que entra es fresco. Megan lleva desaparecida 133 horas, y yo hacía meses que no me sentía tan bien. Cuando esta mañana me he mirado al espejo, he notado diferencias en mi rostro: tengo la piel más clara y los ojos más brillantes. También me noto más ligera. Estoy segura de que no he perdido ningún kilo, pero no me siento tan pesada. Me siento yo misma, la mujer que solía ser antes. No he sabido nada de Scott. He mirado en internet, pero no he visto ninguna noticia de su arresto, de modo que simplemente habrá ignorado mi email. Supongo que era de esperar. Justo cuando salía esta mañana de casa, me ha llamado Gaskill y me ha preguntado si podía ir hoy a la comisaría. Por un momento, me he asustado, pero luego le he oído decir en su tono de voz tranquilo y suave que sólo quería que le echara un vistazo a un par de fotografías. Yo he aprovechado para preguntarle si habían arrestado a Scott Hipwell. —No se ha arrestado a nadie, señorita Watson —ha dicho él. —¿Y el hombre al que interrogaron…? —No estoy en disposición de decir nada. Su forma de hablar es tan tranquilizadora y reconfortante que me vuelve a caer bien. Ayer me pasé la tarde sentada en el sofá ataviada con unos pantalones de chándal y una camiseta, haciendo listas de cosas por hacer y posibles estrategias. Podría, por ejemplo, ir a la estación de Witney en hora punta y esperar hasta que volviera a ver al hombre pelirrojo del sábado por la noche. Luego podría invitarlo a tomar algo y averiguar si esa noche vio alguna cosa. El peligro es que podría encontrarme con Anna o Tom, me denunciarían y tendría problemas (más todavía) con la policía. Otro peligro es que me colocaría en una posición vulnerable. Todavía tengo el vago recuerdo de una pelea; puede incluso que lleve pruebas físicas de ella en el cuero cabelludo y el labio. ¿Y si se trata del hombre que me hizo daño? El hecho de que me sonriera y me saludara con la mano no significa nada, bien podría ser un psicópata. Pero no creo que lo sea. Por alguna razón que no puedo explicar, me resulta amigable. Podría volver a ponerme en contacto con Scott. Pero antes necesito darle una razón para que vuelva a dirigirme la palabra, y temo que cualquier cosa que le diga me hará parecer una pirada. Podría incluso pensar que tengo algo que ver con la desaparición de Megan y denunciarme a la policía. Eso sería un auténtico problema. Otra opción es probar la hipnosis. Estoy segura de que no me ayudará a recordar nada, pero aun así siento curiosidad. Intentarlo tampoco me hará ningún daño, ¿verdad? Aún estaba sentada ahí tomando notas y leyendo las noticias que había impreso cuando Cathy llegó a casa. Había ido al cine con Damien. Se sintió gratamente sorprendida de encontrarme sobria, pero también algo recelosa, pues llevábamos sin hablar desde que la policía vino a verme el martes. Le conté que no había bebido nada en tres días y me dio un abrazo. —¡Estoy tan contenta de que vuelvas a ser tú misma! —dijo canturreando, como si tuviera alguna idea de cómo soy yo de verdad. —Lo de la policía —dije entonces— fue un malentendido. Entre Tom y yo no hay ningún problema, y no sé nada sobre esa chica desaparecida. No tienes de qué preocuparte —le dije, entonces ella me dio otro abrazo y se fue a preparar un té para ambas. Pensé en aprovecharme de la buena disposición que había generado y explicarle que había perdido el trabajo, pero no quise estropear la velada. Esta mañana todavía estaba de buen humor conmigo. Me ha vuelto a abrazar cuando me estaba preparando para salir de casa. —Me alegra mucho que estés comenzando a arreglar tu situación, Rach —ha dicho—. Me tenías preocupada. Luego me ha contado que pasaría el fin de semana en casa de Damien, y lo primero que he pensado es que, cuando llegara a casa esta noche, podría beber sin que nadie me juzgara.

Tarde 

El amargo sabor de la quinina, eso es lo que más me gusta de un gin-tonic frío. La tónica debería ser Schweppes y proceder de una botella de cristal, no de plástico; estas bebidas premezcladas no son muy buenas, pero es lo que hay. Sé que no debería estar bebiendo, pero llevo todo el día deseándolo. No es sólo la anticipación de la soledad, es también la excitación, la adrenalina. El alcohol me está comenzando a hacer efecto y siento un cosquilleo en la piel. He tenido un buen día. Esta mañana, he pasado una hora a solas con el inspector Gaskill. Al llegar a la comisaría, me han llevado directamente a verlo. Esta vez nos hemos sentado en su despacho, no en la sala de interrogatorios. Me ha ofrecido café y, cuando he aceptado, me ha sorprendido ver que se levantaba y lo preparaba él mismo. En lo alto de una nevera que 



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